jueves, 3 de noviembre de 2011

CUENTOS QUE ME CONTARON UN DIA

¿SABEN QUIEN VINO A CENAR ESTA NOCHE?

Lo que les voy a narrar a continuación, me fue contado un día por una amiga, que ya no vive en mi país: Rosita Escala. Gran amiga a quien llamábamos cariñosamente "Pinky" MacDonald, porque en una de las varias veces que estuvo casada, fue con un Señor de origen Inglés. Quien durante la década de los cuarenta, este caballero se desempeñó, como secretario, del Virrey de la India.
De ella puedo decir que es una de las personas con las vidas más extravagantes y fabulosas que he conocido. Nació en Venezuela, hija de un Poeta, Embajador de Ecuador, y de una Señora de Origen Peruano, contaba para ese entonces, cuando la conocí, con cuatro nacionalidades.
Siempre me parecieron sus relatos como si ella hubiese sido un personaje escapado de uno de los cuentos del escritor Britanico-Francés, Williams Somerset Maughan..

ISILO



Una extraña vino a cenar


Lo que les voy a contar a continuación, tiene su ambiente en una región de La India durante la primera mitad de los años cuarenta. Donde un alto funcionario colonial Inglés y su esposa dan una cena. A ella asisten oficiales y empleados civiles del gobierno colonial de su Majestad el Rey de Inglaterra, acompañados de sus esposas, y donde también dentro del grupo, se encuentra un profesor de zoología de una prestigiosa Universidad de los Estados Unidos de Norteamérica.
Todos se sientan a la inmensa mesa, en un espacioso comedor, de un lustroso piso de mármol rosado de vetas blancas y amarillas, un bello techo de pulidas vigas de madera de Cedro, y amplias puertas y ventanales de cristal, que se abren a una galería, que da hacia los jardines exteriores de la espaciosa mansión.
La conversación se torna muy animada y agradable. Durante el transcurso de la conversación, se promueve una viva discusión, entre una joven que afirma, que ya han pasado los tiempos en que las mujeres se subían despavoridas a las sillas cuando aparecía un ratón en escena; y un estirado, y flamante Coronel de Caballería, que le sostenía tercamente todo lo contrario. “Toda mujer en momentos de apuro, - sostenía el Coronel -inmediatamente prorrumpe en gritos- el hombre en cambio aun cuando sienta tentaciones de hacer lo mismo, no lo hará porque tiene un poco mas de dominio de sí mismo, y ese poco, es precisamente lo que cuenta”. El profesor Norteamericano observa a los invitados sin tomar parte en la polémica. De pronto se da cuenta, de un singular cambio en la expresión de la dueña de la casa. Tiene las facciones de la cara, ligeramente contraidas y se ha quedado totalmente inmóvil, como petrificada, con su mirada fija en el espacio. Hace una leve e imperceptible seña a su criado hindú, un muchacho que está de pie detrás de su silla, le susurra algo al oído. Y el muchacho con los ojos dilatados de súbita emoción, por lo que le debe haber dicho su ama, sale corriendo velozmente del comedor.
Nuestro norteamericano es el único de los comensales, que se ha estado dando cuenta de toda esta escena. Solo él advierte también, que segundos después, el criado vuelve y sigilosamente, coloca un tazón de leche, del lado de afuera de la galería y lejos de las abiertas vidrieras que dan al jardín. El experto naturalista comprende de inmediato, lo que sucede. En la India, aquel tazón de leche, no puede tener mas que un objeto: Servir de señuelo o de sebo, a una serpiente... ¡ Es seguro que hay una Cobra Real, en alguna parte de la estancia¡ El profesor levanta los ojos hacia las pulidas vigas del techo, pero no la ve ahí. Pasea su mirada por tres de las esquinas del comedor, en la cuarta de las esquinas, está un grupo de ordenados criados, dirigidos por el Cheff, y el Mayordomo, aguardando el momento, y la señal de la dueña de la casa, para servir el próximo plato. No queda pues, sino un solo sitio donde pueda estar escondido, ese alevoso reptil: ¡debajo de la mesa¡ El primer impulso del naturalista es dar un salto hacia atrás, prevenir a los demás invitados y salir corriendo. Mas se da cuenta, enseguida, que si hace lo que está pensando, provocará un estallido de pánico, con el consiguiente rebulicio, que provocará el asalto final y fulminante de la también, asustada serpiente.
En ese momento la dueña de la casa, casi sin moverse, comienza a hablar en un tono algo rápido, y un poco mas alto que su voz normal, para así captar la atención de todas las personas, que en ese momento mantenían varias conversaciones particulares y diversas. Me gustaría conocer –dice ella– el grado de dominio de sí mismo que tiene cada uno de los presentes. Voy a contar hasta cien... en un tiempo de cinco minutos... Todos ustedes permanecerán inmóviles, como estatuas mientras yo cuente, los que hagan el mínimo movimiento tendrán que pagar una multa de cien Rupias........¡ Ahora comienzo ¡ Los veinticinco invitados asumen la rígida actitud de las estatuas de piedra. Ochentitrés, ochenticuatro, ochenticinco. Al llegar a ese numero el profesor ve con el rabillo del ojo, la Cobra Real saliendo de debajo de la mesa, y arrastrarse lentamente hasta el tazón de leche, de un salto abandona el norteamericano su asiento y corre hacia las vidrieras y cierra violentamente las puertas corredizas, mientras se oyen en el comedor varios gritos de espanto y salen en carrera muchos de los invitados.
Estaba usted realmente en lo cierto Coronel –comenta el anfitrión, dueño de la casa– Un hombre acaba de darnos un ejemplo perfecto de dominio de sí mismo”...... Un momento, - dice el profesor - volteándose hacia la dueña de la casa, ¿Cómo supo usted, Señora, que había una cobra debajo de la mesa del comedor?.....Una leve sonrisa ilumina todo el rostro de la interrogada Dama, que comienza en ese momento de nuevo, a teñirse con el color de la vida. “Pues.... –contesta ella – porque la sentí reptar y anidarse sobre mis pies.


ISILO
01/02/1970

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